No te ex-quiero, te re-quiero

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Cristina Coello – Love above the water

Hacía mucho que no pensaba en ti. Quizás porque no he querido remover el pasado o, sencillamente, porque he dedicado estos últimos años a evitar lo emocionalmente difícil, a esquivar el drama. Todo este tiempo ausente de conversaciones contigo ha sido una auténtica aventura, llena de experiencias y sueños cumplidos. Tras tu partida, tracé la trayectoria que necesitaba para recobrar la sonrisa y separar de mí la dependencia a una persona que no acompañaría más a mi sol cada mañana.

Estoy segura de que te sorprendería todo lo que he hecho, los sitios que he visitado, lo mucho que he cambiado (creo que para bien). No sé si fue mi ego el que durante mucho tiempo cubrió el daño que sé que causé a nuestro romance o fue la inmadurez que, por aquel entonces, no supo entender que las prioridades las elige cada uno y que, solamente cuidando a la otra persona, seremos capaces de seguir avanzando de la mano. Posiblemente, el yo que tú necesitabas en aquel momento es el yo que hoy le entrego a otro. Curioso, ¿verdad? Hoy, creo que sí podríamos ser y, sin embargo, no somos y casi seguro que no seremos. Puede que ya lo hayas escuchado antes, pero confía en mí cuando escribo que no estaba preparada para aquello, que no era mi momento para parar el mundo y dejar de lado oportunidades por una relación que veía flotando en un mar de incertidumbre. Es triste, pero no supimos encontrarnos a medio camino, como le ocurre a tantos otros. Sin duda, eso no nos hizo especiales. Pero fuimos, al menos, lo suficientemente inteligentes o buenos para dejarnos marchar, tratando de no reabrir las heridas.

Hoy he permitido a mi cabeza rebobinar y sentarme en aquella plaza de Madrid, mirando a esas ventanas que de manera fugaz fueron testigos de un amor real, loco, una relación que, seguro, muchos nunca entendieron. He vuelto a revivir la adrenalina, los latidos que al unísono retumbaban sobre la cama antes y después de dormir, los hasta luego llenos de esperanza por volver a vernos. También he recordado lo malo, las lágrimas, las inseguridades y amargos ratos que persiguieron a dos veinteañeros durante más de un año.

Hace tiempo que pasé del odio a la casi indiferencia que ambos necesitamos para continuar creciendo, para pasar página. Te vi alejarte y, aunque dolió, traté de llevarlo de la mejor manera para devolvernos la sonrisa. Ambos hemos seguido adelante y soy muy consciente de la gran posibilidad de que estas líneas mañana no tengan ningún sentido. Pero hoy quería decirte que, en un instante, sin que nadie lo entienda, te he pensado y abrazado tu recuerdo. Hoy, sin saber por qué, no te ex-quiero. Te re-quiero.

LC 

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Te ex-quiero, te re-quiero by Cristina Coello Lanza is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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En horas, minutos y segundos

Suelo y hojas secasNo sé si es tu recuerdo o mi engaño disfrazado de nostalgia, pero me paso el día buscando tu olor entre las sábanas, aguantando las lágrimas con tus iniciales grabadas, regalando sonrisas a desconocidos. No logro verte y, sin embargo, no puedo evitar sentirte en todas partes.

Llevo horas buscando una explicación lógica a tu ausencia; a tus abrazos perdidos; a tu cobarde lejanía; a tu “te quiero” destronado vistiéndose de orgullo, mostrando una felicidad que ojalá no fuese falsa para destruirme del todo y empezar de cero. Llevo horas reprimiendo las ganas de escribirte, de suplicarte que vuelvas y me agarres con fuerza contra ti, de pedirte que jamás vuelvas a marcharte.

Llevo minutos tratando de enfocar mi desdicha en unas líneas, mi locura y tristeza en unos párrafos, mirando por la ventana cómo la luz va cambiando su dirección y el viento va barriendo las hojas caídas.

Y en los últimos segundos, éstos durante los cuales escribo, mi cabeza sólo repite una cosa: olvídalo, se acabó.

No estabas hecho para mí. Pero lo peor, lo que duele, lo que enjaula, lo que muerde con rabia es que yo nunca fui para ti.

Hasta siempre, amor.

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Fuimos

Botella vacía en la playa

A veces pensarás que te olvido, otras veces serás consciente de que, al igual que tú, tampoco yo borraré todo lo vivido. No te preocupes, yo te comprendo.

Fuimos dos, cómplices de todo, de cada caricia, de cada gesto, de cada mirada. Construimos un mundo paralelo en el que tu cuerpo y el mío lo eran todo, y nuestras voces dulces melodías que se unían formando una sola canción.

Paseamos de la mano durante años, creyendo que nunca acabaría, que esa sería nuestra tierna y dulce cadena perpetua.

Tanto lo pensamos que planeamos hasta el último detalle de nuestro futuro: el número de hijos, sus nombres, los colegios a los que irían, nuestras vacaciones…Lo planeamos todo. Hasta discutíamos sobre si la fachada de la nueva casa sería color “arena” o “camel”. ¿Qué de tonterías, verdad? Pero era bonito. Cuando lo pienso he de confesar que aún sonrío y confío en que tú también lo haces.

Éramos dos críos que creíamos comernos el mundo, sólo bastaba dar una vuelta los dos por el barrio para que eso pareciese la gran manzana de la cosmopolita ciudad de Nueva York, los litros de cerveza champán francés y la música del bareto de al lado la banda sonora de “La vida es bella.”Daba igual el lugar, la comida, la hora, la decoración… siempre que estábamos juntos se convertía en algo mágico.

Me encanta recordar. En ocasiones, cuando el día me satura dejo volar mi mente hasta encontrarte. No me arrepiento de nada, ni siquiera de lo duro que fue el decirnos adiós, o de cómo mi almohada se convirtió en mi paño de lágrimas y se mantuvo húmeda durante meses, mientras ambas esperamos noticias tuyas pensando que ya nos habrías olvidado.

Hoy podrás ver que no es así, mi vida ha cambiado y yo también. Tengo familia, un marido espectacular, unos hijos maravillosos, vacaciones, pero nada se parece a lo planeado aquellos años contigo, es más, creo que muchas de las cosas no te gustarían. De hecho, la fachada de mi casa es granate, justo el color que menos gracia te hubiese hecho y que a mí me encanta, y el jardín está lleno de rosas, cosa que tú jamás hubieses permitido. Me hace gracia.

Soy feliz, realmente lo soy, quiero a mi marido y adoro a mis hijos, y no cambiaría lo que tengo por nada. Pero cuando te recuerdo no puedo evitar una pequeña punzada en el estómago a la que acompañan miles de preguntas que se disparan casi a la vez en mi mente: si estarás bien, si te habrás casado, si tendrás cuatro hijos como querías, si habrás viajado todo lo que soñabas, si tú también serás feliz, si pensarás en mí como yo no puedo evitar hacerlo cuando alguien pronuncia tu nombre.

Sólo me queda el consuelo de pensar que quizá, algún día, me cruce contigo. No importa el lugar, la comida, la hora, la decoración…me basta con que seas tú y ver que todo te va bien, que has encontrado otras razones para que todo en tu vida siga siendo mágico, como lo he logrado yo.

No te dejaré ir

Manos creando un corazón con el cielo de fondoEscúchame. Da un giro de 180º y da la espalda a mis sentidos. Confía en mí; no me moveré. ¿Sientes cómo voy aflojando? ¿Acaso te das cuenta de lo dominante que resultas en cada uno de mis gestos?

Creo que no hay consciencia sobre mis pies. Puede que el remolino que penetra en mi mente sea simple debilidad ante tus labios.

Me siento dispuesta a caer, a formar parte de ese bucle de dulzura que quizás sea mi sino.

Depender un día del vaivén de tus dedos o de una de las sonrisas que asomas en incoherentes movimientos se transforma en la complejidad de mis creencias. Contemplo la ruptura de mis ideales al sentir el placer bajo las sábanas.

Me deleito viendo cómo todo se desmorona en mi mente, cómo pierdo el juicio en el cruce de miradas. Disfruto en las idas y venidas de la envolvente ternura que te acecha.

Toco la arena que desnuda tus descuidos. Arde. Siento el dolor bajo la piel, la superficialidad es ya un segundo plano. Tal vez, fueron tus ganas de enseñarme o tal vez, mis ganas de aprender. Prefiero pensar en la perfecta conjunción, en la mezcla precisa.

No creo que tú seas el aceite y yo el agua, me declino por la unión entre dos independientes que probando se dan cuenta del éxtasis que estalla al acercarse. Tú y yo.

Vuelta romántica

Corazón

Me ansío ante la idea de llenar de furor las horas con la intensidad de tus besos.

Deseo gritar en cada balcón y terraza lo que elevan tus caricias mis ganas de todo, mis ilusiones impulsadas a lo más alto de las cumbres que asoman en ventanas perdidas.

Quiero descongelar las polares tinieblas que incendian ausentes dudas haciéndote el amor en cada rincón de este cuarto, en cada barrio escondido, en cada segundo encallado entre arenas presentes.

Pretendo hacerte temblar en cada una de las palabras que desprenda mi pluma o aflojen mis labios; sorprenderte en cada latido y mirada lasciva; rodearte con el encanto de un corazón que amarra sus cuerdas y estira sus alas para planear sobre tu cuerpo.

Mi propósito es que añores todo momento no vivido hasta ahora, darle la vuelta a tus pasiones y recolocarlas como prioridades ante mis pasos, escucharte con las manos, besarte con miradas y sentirte con los labios.

Mis herramientas son sentidos, son ilusiones, son las ganas de no perderte. Y mi meta no es otra que despertar y que no te hayas ido, que no pueda estirarme porque mi cama sea tuya y tuyo sea también mi destino.

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Ella

Nubes negras

Y ahí estaba ella, notando cómo cada gota, poco a poco, resbalaba por sus mejillas; cómo la lluvia iba mojando y calando su ropa hasta entrar en contacto con su piel. El frío iba adueñándose de su cuerpo y, sin embargo, se sentía más ardiente que nunca, completamente encendida. Sus ojos brillaban y sus labios sonreían…Por una vez en su vida se sentía realmente viva.