Cicatrizando

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Un nuevo adiós, una nueva herida tratando de cerrarse, gritos en silencio queriendo mencionarte y acariciar tu cuerpo con fuerza. Incógnitas revoloteando sin respuesta y con un claro punto y aparte.

Llegó la hora de plasmar sobre líneas lo definitivo, el siguiente paso para cicatrizar. Es posible que aún no lo sepas, quizás algún día te arrastres con lágrimas tratando de caminar hacia atrás las baldosas que decidiste cruzar, pero hoy no queda más poesía en nuestra cama.

Se acabó la inocencia, perdimos los pequeños detalles y con ellos las sonrisas improvisadas, los “te quieros” inesperados, que desterraban cualquier duda. Nos desgastamos y abrimos las puertas a nuevas manos, a miradas ajenas. Perdimos el objetivo y la fuerza para conseguirlo, nos arrebatamos a nosotros mismos la posibilidad de un futuro éxtasis impregnado por el “tú y el yo”.

Fuiste tan cobarde que me dejaste luchando sola frente a monstruos; fantasmas del pasado y del presente consiguieron asustarme. Te alejaste sin compasión, desgarrando el amor que nos hacía fuertes. Aquello que creía indestructible hoy es tan sólo un espejismo, un recuerdo que pronto se convertirá en vago e ignorante.

Lo que hoy duele, mañana no será más que una promesa que, como tantas otras, no llegó a cumplirse. Pasará el tiempo y con él se irán desquebrajando los trozos de nuestros momentos, de nuestras palabras. Nuestra rutina pasará al cementerio de los fracasos del corazón, junto a otros tantos que creyeron haber encontrado la eternidad de los besos.

Miraré hacia otro lado, tú evitarás mi mirada. Olvidarás que hubo un tiempo en que expresarme te mantenía arriba, rozando el cielo. Me echarás de menos y no sabrás si es la idealización de mi ausencia o si fui real. Te preguntarás una y mil veces qué habría pasado y si fue la decisión correcta. Añorarás la complicidad, el mundo paralelo que construimos aun cuando todos creían que era imposible.

Volverás y yo, desgraciadamente, habré puesto más que tierra de por medio. Porque el día en que decidiste abandonarme dando palos de ciego fue el mismo día en que me di cuenta de que el amor vive hasta que dejas que muera y tú, inconscientemente, ya lo habías hecho hace mucho tiempo.

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Deja de temblar

FuegoDi un portazo. Así acabó todo. Tu coraza apareció y, en olas de sufrimiento, saltaron los reproches, el dolor y el orgullo en forma de ejército, como si librasen la batalla más cruenta de tu historia, de la nuestra. Estalló la Tercera Guerra Mundial y sólo nosotros nos dimos cuenta. Sólo tú y yo, una vez más, pero esta vez contra quien apuntamos nuestras armas no eran simples conocidos.

Descargamos y acertamos cada tiro, entremezclando en el aire lo que se convirtió en una brisa de auténtico dolor.

Y pasaron trenes, muchos, pero aquella noche sigue robándote el sueño. Buscas mil respuestas y ninguna logra convencerte. No entiendes cómo pudo pasar, ni cómo fui capaz de desviar tus caricias de mi camino, de obviar tus distintas sonrisas, que para mí construían un único e infinito mundo: el tuyo y el mío. No comprendes cómo tantas noches de pasión, incendiadas en éxtasis, hoy suponen una incógnita en una larga lista de cosas por hacer y cómo dejaste de ser mi principio para convertirte en un mero punto y final. O eso piensas tú. No entiendes nada y sigues dándole vueltas. Déjalo, en serio. Hazlo por ti y hazlo por mí. Haznos este favor porque ni yo misma podría justificar mi huida, ni mis ganas de pedirte que te quedes con un cargado peso de incoherencia encima.

Di un portazo y mi mente quedó atrapada en el umbral que separaba tu casa de la calle, tus brazos de los míos, tus noches de mis días. Di aquel portazo porque de verdad creí que jamás nadie se haría con el trono de mis emociones como la primera vez que tú lo hiciste.

Di un portazo y te echo de menos. De verdad que lo hago. Pero deja de llorar y buscar respuestas, porque mientras tú sigues dedicándome lágrimas que me ahogan en la distancia, el mundo no se para. Que mientras tú te preguntas si me arrepiento una y otra vez, millones de parejas han roto y se han reconciliado, millones de personas han sido capaces de declararse y otros tantos millones han encontrado al amor de su vida. Que mientras tú miras al cielo con esperanza de que todo esto sea una maldita pesadilla, otros tantos disfrutan del placer de un café en una terraza, sin sufrir por los golpes de una puñalada o de una despedida. Que mientras tú piensas en mi recuerdo a cada instante y reconstruyes toda escena de lo que fue y hoy no es, a tu alrededor hay seguro y como mínimo una persona deseando dibujar de nuevo en tu rostro una sonrisa. Una diferente, llena de experiencia, colmada de aprendizaje y con mis huellas, pero distinta.

Que no me esperes, porque tú vales más que cualquier reconstrucción del pasado. Que si alguien ha de sufrir, no eres tú, sino yo por haberte dejado escapar. Sigamos adelante y, por favor, no me odies.

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