El café de mi vida

img_1777

Cristina Coello- The coffee of my life

Nos conocimos al apagar las luces navideñas, cuando el frío parecía que iba a comenzar a alejarse de la ciudad. Pedí un café, él otro. La confusión del camarero al servirnos hizo que nuestras manos se cruzasen. Nos miramos. Le había robado, sin darme cuenta, su latte. Entonces, reímos. Así comenzó todo, un martes a las siete de la tarde en un coffeeshop californiano, escondido en la ciudad de LA. El mejor café de mi vida, y no por su sabor, sino por la compañía.

Han pasado casi dos años desde entonces y su mirada sigue siendo lo mejor de cada mañana, sus abrazos el mejor refugio antes de ir a dormir. Ninguno imaginamos que aquella tarde de enero se convertiría en el motivo de que hoy sonriamos. Todo fue fugaz, inesperado, indescriptible. Un día me encontraba con absoluta indiferencia ante el amor y, al día siguiente, con unas ganas inmensas de no soltarle la mano.

Así comienzan las mejores historias, las que no se olvidan, las que nos acompañan siempre. Su llegada fue indescriptible, pero lo mejor vino cuando decidió quedarse. Espontáneo, intenso, inolvidable. Así es el amor y así es él.

Licencia de Creative Commons
El café de mi vida by Cristina Coello Lanza is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en www.estoesvivirimprovisando.com.

Cicatrizando

Imagen

Un nuevo adiós, una nueva herida tratando de cerrarse, gritos en silencio queriendo mencionarte y acariciar tu cuerpo con fuerza. Incógnitas revoloteando sin respuesta y con un claro punto y aparte.

Llegó la hora de plasmar sobre líneas lo definitivo, el siguiente paso para cicatrizar. Es posible que aún no lo sepas, quizás algún día te arrastres con lágrimas tratando de caminar hacia atrás las baldosas que decidiste cruzar, pero hoy no queda más poesía en nuestra cama.

Se acabó la inocencia, perdimos los pequeños detalles y con ellos las sonrisas improvisadas, los “te quieros” inesperados, que desterraban cualquier duda. Nos desgastamos y abrimos las puertas a nuevas manos, a miradas ajenas. Perdimos el objetivo y la fuerza para conseguirlo, nos arrebatamos a nosotros mismos la posibilidad de un futuro éxtasis impregnado por el “tú y el yo”.

Fuiste tan cobarde que me dejaste luchando sola frente a monstruos; fantasmas del pasado y del presente consiguieron asustarme. Te alejaste sin compasión, desgarrando el amor que nos hacía fuertes. Aquello que creía indestructible hoy es tan sólo un espejismo, un recuerdo que pronto se convertirá en vago e ignorante.

Lo que hoy duele, mañana no será más que una promesa que, como tantas otras, no llegó a cumplirse. Pasará el tiempo y con él se irán desquebrajando los trozos de nuestros momentos, de nuestras palabras. Nuestra rutina pasará al cementerio de los fracasos del corazón, junto a otros tantos que creyeron haber encontrado la eternidad de los besos.

Miraré hacia otro lado, tú evitarás mi mirada. Olvidarás que hubo un tiempo en que expresarme te mantenía arriba, rozando el cielo. Me echarás de menos y no sabrás si es la idealización de mi ausencia o si fui real. Te preguntarás una y mil veces qué habría pasado y si fue la decisión correcta. Añorarás la complicidad, el mundo paralelo que construimos aun cuando todos creían que era imposible.

Volverás y yo, desgraciadamente, habré puesto más que tierra de por medio. Porque el día en que decidiste abandonarme dando palos de ciego fue el mismo día en que me di cuenta de que el amor vive hasta que dejas que muera y tú, inconscientemente, ya lo habías hecho hace mucho tiempo.

Licencia de Creative Commons
Cicatrizando is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

En horas, minutos y segundos

Suelo y hojas secasNo sé si es tu recuerdo o mi engaño disfrazado de nostalgia, pero me paso el día buscando tu olor entre las sábanas, aguantando las lágrimas con tus iniciales grabadas, regalando sonrisas a desconocidos. No logro verte y, sin embargo, no puedo evitar sentirte en todas partes.

Llevo horas buscando una explicación lógica a tu ausencia; a tus abrazos perdidos; a tu cobarde lejanía; a tu “te quiero” destronado vistiéndose de orgullo, mostrando una felicidad que ojalá no fuese falsa para destruirme del todo y empezar de cero. Llevo horas reprimiendo las ganas de escribirte, de suplicarte que vuelvas y me agarres con fuerza contra ti, de pedirte que jamás vuelvas a marcharte.

Llevo minutos tratando de enfocar mi desdicha en unas líneas, mi locura y tristeza en unos párrafos, mirando por la ventana cómo la luz va cambiando su dirección y el viento va barriendo las hojas caídas.

Y en los últimos segundos, éstos durante los cuales escribo, mi cabeza sólo repite una cosa: olvídalo, se acabó.

No estabas hecho para mí. Pero lo peor, lo que duele, lo que enjaula, lo que muerde con rabia es que yo nunca fui para ti.

Hasta siempre, amor.

Licencia de Creative Commons
En horas, minutos y segundos by Cristina Coello is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

Fingir

The MoonTe perdí hace un rato, hace una vida. Aquel bar fue testigo de mi última risa, aquella tienda de mi última compra razonada y tu cama la última que pudo sentir cómo me aceleraba al sentirte. Salí en busca de una aventura, a sabiendas del error que una caricia cruzada en mi camino supondría.

Ceder a labios ajenos la voluntad de retarme fue sólo una excusa más para olvidar tus abrazos. Y todavía los echo de menos, aunque nadie lo imagine. La facilidad de mantener en silencio el dolor es algo que tengo conquistado en batallas anteriores, donde rompiendo a llorar me juraba a mí misma nuevos senderos en futuras derrotas.

Mantengo la sonrisa y miro con intensidad, tratando de alcanzar ese umbral que permite a la lucidez del presente relativizar los problemas, las partidas y un adiós.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Eres portada

CocheHoy eres portada en mi diario. Si no calculo mal, han pasado unos seis años desde la última vez que nos vimos, desde la última vez que te dejé ver lo que para mí significabas. Hoy, te he vuelto a ver. Esperabas el autobús, justo a la entrada de la que ahora es mi urbanización. Tú también me has visto, lo sé. He acelerado. Te he reconocido en menos de lo que dura un suspiro.

Mientras me alejaba, medio confusa y sorprendida, iba pensando en ello, en si debía o no haber parado y, quizás, decirte: “¿Te acuerdas de mí?”. Típica y estúpida frase que se dice para romper el hielo, pero que no sería la primera vez que utilizo. Y es que sólo había que ver nuestra cara de tontos al vernos para entender que sabíamos perfectamente de quién eran esos ojos. Total, una duda efímera que se ha traducido en mi incesante creencia de que todo pasa por algo y que era mejor dejarlo en un cruce de miradas y un estado de shock momentáneo. He seguido conduciendo e inventando lo que hubiese podido ser una conversación entre nosotros, si hubiese decidido parar y acercarte a algún sitio.

Te hubiera tenido que contar tantas cosas, que ni un viaje de ocho horas creo que hubiese bastado.

<<Al final, hice Periodismo y Comunicación Audiovisual. Sí, hace un año que las acabé. Soy periodista. A mis espaldas, cargo 3 fracasos, dos de un año y otro de un año y medio, pero aún creo infinitamente en que llegará el que me salve. Dejé de creer en las casualidades, abriendo paso al sino. Llámame cobarde.

Ya no soy la niña que escribía cartas y tenía un detalle cada día, ni tengo de lejos la inocencia e ingenuidad que me caracterizaba. Créeme que la vida me ha cambiado tanto, que podría lograr que se te abriese la boca varias veces seguidas. Han sido muchas las decepciones transformadas en lecciones y aprendizaje. También he vivido experiencias increíbles, no todo son llantos. Me saqué el carné de conducir, cumplí mi promesa de irme de Erasmus y, por fin, puedo decir que he probado el shushi. De esto último no hace tanto.

Aún hay cosas que conservo, no te creas. Mi color favorito sigue siendo el amarillo y con los años me he dado cuenta de que no me equivocaba al creer que era el mejor para mí. No te imaginas la de metáforas que pueden bailar alrededor de una simple tonalidad cromática. Sigo escribiendo, pero ya sólo lo hago para mi disfrute y procuro no incluir a nadie en mis relatos. Hoy, hago una excepción. Partiendo de lo autobiográfico, voy creando una realidad diferente, paralela, en ocasiones inquietante. Traduzco mis dudas en líneas que se pierden en documentos de word por mi portátil, en hojas llenas de garabatos y manchas de tinta. Y, como siempre, busco respuestas a cualquier situación que se me plantea o le surge al de al lado.

Sin embargo, Moulin Rouge ya no es mi película preferida, sino que existen otras muchas que han conquistado mis estanterías. Muchos de los amigos que hace años eran mi día a día hoy es posible que hasta girase la cabeza al encontrármelos. Por pereza, más que nada. Hablemos con sinceridad, todos lo hacemos. Y, no, él ya no está, se fue hace casi tres años. Sé que pensarás que era lo mejor y es posible que tengas razón, pero cómo dolió. También sé que lo sientes. No te preocupes.

El café y el tabaco no los he dejado. Mal hecho, pero permíteme que me dé algún que otro vicio y capricho. Y, sí, me sigo enamorando de una sonrisa, de un abrazo, de una conversación inteligente. Eso no ha cambiado>>.

Y más, mil cosas más han pasado por mi cabeza en tan sólo un trayecto de veinte minutos en coche. Una maldita locura, te lo juro. Me he reído porque creo, de verdad, que no me reconocerías. Seis años sin acordarme de ti, sin dar la menor importancia a tu paso por mi vida y, sin embargo, has sido tú quien me ha hecho darme cuenta del cambio. Aunque nunca lo sepas, te lo agradezco. No paré porque lo vi absurdo, pero reconozco que no olvidaré este fugaz encuentro, lo que he sentido y revivido al tiempo que sonaba de fondo un viejo cd que tenía olvidado. Justo hoy había decidido escucharlo.

Magia, vaivén de lo cotidiano, vuelta al pasado en forma de regalo para el presente, al fue y hoy no me importa, pero me hace ser quien soy. Mi esencia, mi yo creado a base de recuerdos y experiencias, en continuo derrumbe y reconstrucción. Hasta el final conmigo misma.

Licencia Creative Commons
Este obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.