La carta que jamás te escribí

Writing1Las líneas quedaron bajo la almohada, junto a mis incógnitas y dudas. Quizás fue el miedo a desprenderme del sentimiento que despertabas entre mis manos con cada roce, quizás fue el miedo a decir de forma definitiva adiós a aquella mirada que dejaba mi mundo en standby.

Puede que fuese la imposibilidad de no responder a esa sonrisa, que hacía temblar cada centímetro de mí, incluso cuando sobrepasaba las fáciles dos cervezas con las que buscamos derrotar la vergüenza y los nervios.

Tuve tanto miedo que frené las ganas de pisar el acelerador y gritar frente a tu ventana cuánto te iba a echar de menos. Fui tan cobarde que nunca supe expresar la pena que nuestra huída forzó a aterrizar sobre mi rutina.

Me escondí y dejé que la ceniza de mis cigarros consumiese cada instante, contabilizando en lágrimas los pasos que fueron alejándome de ti. Disimulé con guiños y copas, reflejando de cara a la galería la libertad con la que tu partida iba impregnando mi vida.

Sólo en mis momentos de fuga dejaba brotar el miedo que me daba no volver a verte, lo mucho que extrañaba tu manera tímida de acariciarme o cómo rozabas con la mano tu nariz y te mordías el labio inferior, invitándome a perder la cabeza en tu boca.

Ojalá te hubiese dicho que me quedé prendada de tu mirada el primer día que te vi y que no tantas veces se enciende esa llama en un primer encuentro, al menos en mí; que no es tan sencillo desear dejarlo todo y echar a correr hacia ninguna parte, sencillamente porque sabes que puedes enamorarte y, sin embargo, acabar inevitablemente dejándote llevar.

Trataba de aprovechar las horas de sueño para librarme de tu recuerdo, pero incluso a veces te paseabas por allí, haciendo más difícil dar los buenos días a mi rutina. Hiciste que tu olvido se hiciese casi imposible, logrando generar dudas sobre las teorías que durante mucho tiempo fui construyendo acerca del amor y desamor en base a mi experiencia.

Todavía te echo de menos, aunque no logro dar respuesta a la intensidad o dirección que alcanzan mis sentimientos. Ya no te necesito para sonreír, pero aún siento cierto vacío al oír tu nombre o recibir noticias tuyas.

Siento no habértelo dicho, siento que nunca recibieses unas palabras dedicadas que expresasen con sinceridad lo que has significado en mi vida, tu potencial a la hora de conquistar mentes.

Y es que, a pesar de no recibir una respuesta o que ésta pudiese ser una daga directa al corazón, reconozco seguir creyendo en la magia que despierta conocer lo que alguien valora, aprecia o desea, la valentía de realizar locuras sin argumentos racionales.

No te escribiré una carta, ni confesaré jamás mi espera eterna, pero si algún día lograses adivinarlo no te enfades ni me digas que lo sabes. No me llames ni exijas cuentas pendientes, no dejes de hablarme, ni busques en mis actos o palabras pistas o justificaciones. Simplemente, siéntete eterno.

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