“Signs”

Bosque nevadoEmpecé a escribir porque era la única formar de plasmar lo que realmente soy capaz de llegar a sentir, los millones de pensamientos que crecen en mí y que tanto anhelan salir al exterior. Fue escribiendo cuando me percaté de la necesidad inherente que mi cabeza tiene de buscar respuestas, trazar líneas divisorias que limiten realidades.

Dice el gran Sabina que cuando has sido feliz en un lugar, en un momento determinado, no deberías tratar de volver jamás. Es cierto. Eso tan sólo puede crear decepciones y la única forma de evitarlo es concienciarte en la idea de que lo que en un pasado fue especial no ha de convertirse en una expectativa futura.

Pero nadie dijo que no se pudiese escribir sobre ello. A veces, me teletransporto a aquellos momentos en los que la risa era casi una rutina y los abrazos tan esporádicos y naturales,que nacían en cualquier rincón, lograban calmar cualquier corazón herido.
Sé que muchos pensarán que no tiene ningún sentido revolcarse en lo que ya no volverá, en viajes y experiencias que quedaron atrapados en un espacio-tiempo que es imposible revivir. A mí, sin embargo, me gusta. Reconstruyo cada imagen hasta llegar a mi presente y sonrío.

Hoy es de esos días en los que acecha el riesgo de derrumbe, la apertura al caos de una mente alimentada de optimismo, que escapa del destrozo y las huellas del pasado. La incoherencia de lo que en líneas anteriores trataba de explicar intenta con dureza hacerse con todo el protagonismo.

La desgana comienza a bloquear todo movimiento, abriendo al miedo la puerta que supone la autodestrucción. No vuelvas, no arrases lo construido, no me arranques la certeza de lo que creo inevitable.

Y así pasan segundos, minutos, horas e incluso algún día, hasta que vuelvo a verte. Entonces, sin saber por qué, cesan las dudas y las incógnitas desaparecen. Y me doy cuenta de lo esencial del presente, de la pérdida de tiempo que supone entretenerme buscando respuestas a todo.

Al fin y al cabo, lo que realmente me importa hoy no es otra cosa que la plenitud de seguir avanzando. Dejo el bucle a un lado, te miro y, sin pensarlo, me dejo llevar.

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