A little patience

A little patience

Rebasó las fronteras de la cordura, dejándose caer sin pensar en las posibles consecuencias. Voló tan alto, que la caída fue casi mortal. A veces, lanza una carcajada al aire. Otras, se sincera y reconoce la ausencia de gracia con silencios y lágrimas.

Todo empieza calmado, sin preguntas, sin dudas de ningún tipo. Se repite una y otra vez las millones de frases que avalan la importancia de disfrutar el momento, omitiendo en la cabeza la posibilidad del fracaso, del engaño. No dura mucho, casi podría decirse que se trata de algo efímero.

Comienzan las incógnitas, los titubeos, la desconfianza. Y llora. No es dolor, tampoco huellas, sino la maldita impotencia de no ser capaz de hacer nada para acabar con el ritual que desde hace unos años se hizo con un poder mental incalculable.
Le asusta. Echa de menos aquellos tiempos en que era capaz de jugárselo todo a una sola partida, cuando escuchaba y admiraba la realidad sin buscarle la cara oculta o la sombra que golpease a lo positivo, que le hiciese daño. La búsqueda constante de la trampa, la continua actitud de imaginar la ruptura y el dolor cuando la historia aún ni ha comenzado se convierten hoy en cómplices de sus pasos.

No abre las puertas a cualquiera, ni permite el franqueo de la barrera que ha ido construyendo en torno a sí misma. El amor correspondido, el que fluye sin venganzas y sin esperas roza casi la utopía. Sólo le salva un halo de esperanza, aunque se desvanece en su incansable tropezar con piedras idénticas.

Termina conectando cada mirada nueva que trata de seducirla con una falsedad anterior, cada beso regalado con otra mentira de su colección de recuerdos que aunque quisiera borrar no podría. Son tantas las ocasiones en las que vivió en primera persona la decepción que comienza a temer que nadie logre despertar las ganas de revancha sobre su cama.

Siempre mantuvo viva la creencia de que la caída de arena en el reloj traería consigo nuevas oleadas de confianza, unos labios que transmitirían palabras libres de promesas banales, los gestos y acciones que avalarían cada letra de lo esbozado en la intimidad de las sonrisas.

Infranqueable coraza, el día que te destruyan, podrá reconocer la libertad de quien se enjaula en el éxtasis de dar sin esperar nada a cambio, de la verdad del día a día, de lo infinito de un amanecer a su lado.

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