Fuimos

Botella vacía en la playa

A veces pensarás que te olvido, otras veces serás consciente de que, al igual que tú, tampoco yo borraré todo lo vivido. No te preocupes, yo te comprendo.

Fuimos dos, cómplices de todo, de cada caricia, de cada gesto, de cada mirada. Construimos un mundo paralelo en el que tu cuerpo y el mío lo eran todo, y nuestras voces dulces melodías que se unían formando una sola canción.

Paseamos de la mano durante años, creyendo que nunca acabaría, que esa sería nuestra tierna y dulce cadena perpetua.

Tanto lo pensamos que planeamos hasta el último detalle de nuestro futuro: el número de hijos, sus nombres, los colegios a los que irían, nuestras vacaciones…Lo planeamos todo. Hasta discutíamos sobre si la fachada de la nueva casa sería color “arena” o “camel”. ¿Qué de tonterías, verdad? Pero era bonito. Cuando lo pienso he de confesar que aún sonrío y confío en que tú también lo haces.

Éramos dos críos que creíamos comernos el mundo, sólo bastaba dar una vuelta los dos por el barrio para que eso pareciese la gran manzana de la cosmopolita ciudad de Nueva York, los litros de cerveza champán francés y la música del bareto de al lado la banda sonora de “La vida es bella.”Daba igual el lugar, la comida, la hora, la decoración… siempre que estábamos juntos se convertía en algo mágico.

Me encanta recordar. En ocasiones, cuando el día me satura dejo volar mi mente hasta encontrarte. No me arrepiento de nada, ni siquiera de lo duro que fue el decirnos adiós, o de cómo mi almohada se convirtió en mi paño de lágrimas y se mantuvo húmeda durante meses, mientras ambas esperamos noticias tuyas pensando que ya nos habrías olvidado.

Hoy podrás ver que no es así, mi vida ha cambiado y yo también. Tengo familia, un marido espectacular, unos hijos maravillosos, vacaciones, pero nada se parece a lo planeado aquellos años contigo, es más, creo que muchas de las cosas no te gustarían. De hecho, la fachada de mi casa es granate, justo el color que menos gracia te hubiese hecho y que a mí me encanta, y el jardín está lleno de rosas, cosa que tú jamás hubieses permitido. Me hace gracia.

Soy feliz, realmente lo soy, quiero a mi marido y adoro a mis hijos, y no cambiaría lo que tengo por nada. Pero cuando te recuerdo no puedo evitar una pequeña punzada en el estómago a la que acompañan miles de preguntas que se disparan casi a la vez en mi mente: si estarás bien, si te habrás casado, si tendrás cuatro hijos como querías, si habrás viajado todo lo que soñabas, si tú también serás feliz, si pensarás en mí como yo no puedo evitar hacerlo cuando alguien pronuncia tu nombre.

Sólo me queda el consuelo de pensar que quizá, algún día, me cruce contigo. No importa el lugar, la comida, la hora, la decoración…me basta con que seas tú y ver que todo te va bien, que has encontrado otras razones para que todo en tu vida siga siendo mágico, como lo he logrado yo.

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