No te dejaré ir

Manos creando un corazón con el cielo de fondoEscúchame. Da un giro de 180º y da la espalda a mis sentidos. Confía en mí; no me moveré. ¿Sientes cómo voy aflojando? ¿Acaso te das cuenta de lo dominante que resultas en cada uno de mis gestos?

Creo que no hay consciencia sobre mis pies. Puede que el remolino que penetra en mi mente sea simple debilidad ante tus labios.

Me siento dispuesta a caer, a formar parte de ese bucle de dulzura que quizás sea mi sino.

Depender un día del vaivén de tus dedos o de una de las sonrisas que asomas en incoherentes movimientos se transforma en la complejidad de mis creencias. Contemplo la ruptura de mis ideales al sentir el placer bajo las sábanas.

Me deleito viendo cómo todo se desmorona en mi mente, cómo pierdo el juicio en el cruce de miradas. Disfruto en las idas y venidas de la envolvente ternura que te acecha.

Toco la arena que desnuda tus descuidos. Arde. Siento el dolor bajo la piel, la superficialidad es ya un segundo plano. Tal vez, fueron tus ganas de enseñarme o tal vez, mis ganas de aprender. Prefiero pensar en la perfecta conjunción, en la mezcla precisa.

No creo que tú seas el aceite y yo el agua, me declino por la unión entre dos independientes que probando se dan cuenta del éxtasis que estalla al acercarse. Tú y yo.

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